Cada 11 de mayo, Argentina conmemora la aprobación de la “Marcha Patriótica”, obra de Vicente López y Planes con música de Blas Parera, que se convirtió en el Himno Nacional. La fecha se remonta a la Asamblea del Año XIII, cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata buscaban consolidar su identidad independiente.
La primera interpretación se realizó en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson, entre el 14 y el 25 de mayo de 1813, marcando un hito cultural y político.
La versión original duraba cerca de 20 minutos, con un tono fuertemente independentista.
En 1860, Juan Pedro Esnaola realizó arreglos musicales que le dieron mayor solemnidad.
En 1900, bajo la presidencia de Julio A. Roca, se oficializó una versión reducida para evitar tensiones diplomáticas.
Desde 1924, la interpretación dura entre 3:30 y 3:53 minutos, tal como se entona hoy en actos oficiales y deportivos.
El Himno Nacional es más que una canción: es un símbolo de soberanía y unidad. Se entona en escuelas, actos oficiales, movilizaciones políticas y eventos deportivos, reforzando el sentido de pertenencia.
Incluso ha sido reinterpretado en versiones modernas, como la célebre grabación de Charly García en 1990, que generó debate pero también mostró la vitalidad del símbolo en nuevas generaciones.
Cada 11 de mayo, instituciones educativas y culturales organizan homenajes, charlas y actividades para reflexionar sobre el valor histórico del Himno. En provincias como San Juan, los actos escolares y comunitarios refuerzan la importancia de los símbolos patrios en la formación ciudadana.
El Día del Himno Nacional Argentino es una oportunidad para reafirmar la identidad nacional y recordar la lucha por la independencia. Más de dos siglos después, el “Oíd mortales” sigue siendo un canto compartido por millones de argentinos, uniendo generaciones en torno a un mismo símbolo de libertad.

