Cada 15 de septiembre, el mundo celebra el Día Internacional de la Democracia, instaurado por la ONU en 2007. Más que una efeméride, esta fecha es un llamado a reflexionar sobre la vigencia de los valores democráticos en tiempos de incertidumbre global.
La democracia no es un regalo, sino una conquista histórica que costó luchas, sacrificios y voces silenciadas. Sin embargo, no basta con haberla alcanzado, requiere ser defendida y renovada cada día. En un mundo atravesado por la desinformación, la polarización y el avance de discursos autoritarios, la democracia se enfrenta a un dilema, ¿puede sostenerse sin ciudadanos críticos y comprometidos?.
El derecho a participar, a elegir y ser elegido, a expresarse libremente, constituye el núcleo de la democracia. Pero en muchos países, estas garantías se ven debilitadas por prácticas corruptas, desigualdades sociales y la falta de transparencia institucional. Celebrar este día implica reconocer que la democracia no es perfecta, pero sigue siendo el sistema que mejor protege la dignidad humana y la pluralidad.
En Argentina, la democracia recuperada en 1983 tras la dictadura militar es un símbolo de esperanza y resiliencia. Recordar este día nos obliga a valorar la memoria histórica, a fortalecer la educación cívica y a garantizar que las nuevas generaciones comprendan que la democracia no se reduce al voto, es participación activa, respeto por la diversidad y compromiso con el bien común.
El Día Mundial de la Democracia no debe ser una celebración pasiva, sino un llamado a la acción. Defender la democracia significa cuestionar, exigir transparencia y participar en la construcción de sociedades más justas. Como escribió alguna vez un pensador, “La democracia se defiende ejerciéndola”.
